
Hay lugares que sorprenden precisamente donde menos lo esperas. El cementerio de Luarca es uno de ellos.
Encaramado en la Atalaya, con vistas directas al mar Cantábrico y a la ría, este camposanto está considerado uno de los más bellos de España. No es solo el paisaje: es la arquitectura. Los panteones y mausoleos de estilo indiano —construidos por emigrantes que volvieron de América con fortuna y quisieron dejar huella— convierten el recinto en un museo al aire libre de la historia social de Luarca.
Aquí está enterrado Severo Ochoa junto a su esposa. Una lápida sencilla para un legado enorme.
La subida desde el puerto por las callejuelas del casco histórico vale cada paso. A mitad de camino, unos azulejos en la pared narran escenas históricas de la pesca y la vida marinera luarquesa. Arriba, la capilla de la Atalaya y el faro completan uno de los miradores más fotogénicos de Asturias.
Entrada libre. Visita recomendada a cualquier hora, pero especialmente al atardecer.